Antonio Iñesta. Blog Web2.0 y Salud http://fecoainesta.blogspot.com.es/
En Baiona no hacía calor, incluso los
últimos días necesitaba una sudadera con cremallera delantera porque el viento
con la humedad del mar, me hacía tener que abrigarme para no sentir frio, sobre
todo cuando andábamos por la mañana alrededor del Monte Boi en la base del
parador, ah y además en los comedores también tenía que ponerme la sudadera
porque la refrigeración estaba demasiado alta y no me permitía comer o cenar
con confort. Para mí que no cumplen la normativa de frio. Entras en los
restaurantes y te quedas congelado y o bien te hacen caso cuando te quejas del
frio y quitan la refrigeración o te tienes que poner algo para poder aguantar
tal climatización. No comprendo a la gente que quiere estar en los sitios a
menos temperatura que si estuvieran en invierno, debe ser la edad. Uno de los
días fuimos andando a un mercadillo a las afueras de Baiona, más allá de la
playa Ladeira, estaba muy concurrido y a mí me hacía gracia lo que decían a
gritos las vendedoras/es, -No te fíes de la talla, si traes el cuerpo, pruébalo
(vestidos), -Solo 10 euros, menos de lo que vale el culo de un pollo (en el
habla coloquial para indicar que algo es extremadamente barato), -Venid aquí y
parad, parad, parad. En uno de los puestos de vestidos, las mujeres se pusieron
a mirar y probarse vestidos en el interior, yo estaba fuera de la primera fila
de vestidos colgados esperando pacientemente, se me acerca una mujer de mediana
edad y me pregunta ¿usted es el que enseña? Pues mire, yo soy un sufridor
esperando, pero si usted quiere que le enseñe algo, por mí que no quede, yo se
lo enseño, la señora me mira de forma escandalizada y se adentró en el bosque
de vestidos colgados. La verdad yo creía que a mi edad ya no podía escandalizar
a nadie, es cierto que se lo dije con una mirada un poco picarona, pero no es
para tanto. La vuelta fue un poco cansada porque hacia un sol de justicia,
aunque íbamos por el paseo al lado del mar, pero las mujeres iban contentas con
sus compras y eso aligeraba la marcha. Llegamos a la zona de los restaurantes
cerca del puerto y después de una cierta espera nos dieron una mesa en una
taberna bastante concurrida, con mesas en la calle, aunque preferimos el
interior. La comida muy ligera, varios platos a compartir, ensalada de la casa,
un pulpo a Feira, unos mejillones al vapor, unos calamares y después un buen
helado de frutos rojos y una bola de limón e iniciamos lentamente la subida al
monte Boi donde está el parador. Como siempre, en la habitación hay que parar
el acondicionador de aire porque como aprendimos más tarde, aunque nos
dejábamos el aire apagado, cada vez que quitábamos la tarjeta, al salir de la
habitación, se resetea el aire acondicionado y vuelve a dejar la habitación
como un tempano. Ya hemos aprendido a dejar una de las tarjetas puestas en la
habitación para que no se reinicie el proceso. Al abrir el balcón siempre me
fijo en la gaviota que está empollando sus huevos en el tejado de un lado. El
año pasado, cuando vinimos ya tenía dos polluelos corriendo por el tejado y
piando como locos por comida que les proporcionaban la pareja de gaviotas en
sucesivas idas y venidas al mar. Este año, casi en las mismas fechas, están
todavía empollando los huevos, con el calor que hace, no sé qué habrá pasado,
debe haberles también afectado el cambio climático, aunque lo lógico es que los
hubieran tenido antes, en fin, misterios. Los desayunos al sol en el parador
son una maravilla, con la gaviota de guardia que en cuanto un comensal se
despista y se levanta para coger algo del bufet, se planta en la mesa, coje lo
que hay de comida y salen volando, son rápidas y lo echan enseguida al buche.
Los que somos veteranos ya nos sabemos la jugada y nos cuidamos de no dejar
sola la mesa con alimentos. Esto nos enseña que los oportunistas siempre están
al acecho. Para protegerse, es clave reconocer cómo operan estas personas y
saber cómo desactivar sus tácticas en cualquier ámbito de la vida. Protegeos del
sol y de los falsos ídolos que después os esclavizan y quieren estar siempre en
la foto.
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