martes, 23 de junio de 2015

Anticuerpos Monoclonales, una aproximación

Antonio Iñesta. Blog Web2.0 y Salud http://fecoainesta.blogspot.com.es/
      Desde finales de noviembre de 2014 a finales de enero de 2015, en once comunicaciones desarrollé el tema de Biosimilares y en ellos incluí algunos anticuerpos monoclonales, además temas familiares me han obligado a tener que estar informado sobre ellos.
A finales de 1970, Harold Varmus y J. Michael Bishop desarrollaron una teoría genética de la carcinogénesis, que sugiere que los precursores de los genes causantes de cáncer estaban presentes en las células normales. Los investigadores especularon que si los genes precursores pudieran ser aislados, podrían diseñarse medicamentos para inactivarlos. Una nueva estrategia -terapia orientada- comenzó a surgir. Para 1998, se aprobó el trastuzumab, un anticuerpo monoclonal que interfiere con el receptor HER2/neu, y revolucionó la terapia para los pacientes con cáncer de mama HER2-positivo. Otras terapias orientadas pronto siguieron, iniciando una nueva era en el tratamiento del cáncer.
Los anticuerpos monoclonales son glucoproteínas pertenecientes al grupo de las inmunoglobulinas, producidos en el laboratorio que se unen a antígenos específicos, como una proteína que está presente en la superficie de las células cancerosas pero está ausente (o en concentraciones más bajas) en las células normales.
Los anticuerpos tienen dos regiones. La región constante (Fc, Fragmento constante) es la responsable de la activación de la cascada del complemento o la interacción con una célula efectora específica. Por su parte, la región variable (Fab, “fragment antigen binding” o Fragmento de unión del antígeno) es la zona por la que el anticuerpo se une al antígeno y dentro de ella hay secuencias de aminoácidos concretas (CDR, “complementarity-determining region” o region determinante de la complementariedad) que le confieren la capacidad de reconocer un determinante antigénico específico o epítope. Cada antígeno tiene varios epítopes diferentes.
Cada molécula de un anticuerpo monoclonal sólo reacciona con un epítope concreto del antígeno, produciendo una reacción inmune específica. Por ejemplo, rituximab se une específicamente (por su dominio Fab) a un epítope del antígeno CD20, situado en la superficie de los linfocitos B y activa (mediante su dominio Fc) varios mecanismos que inducen la destrucción de estos linfocitos, por lo que se utiliza en el tratamiento de linfomas.
Para crear anticuerpos monoclonales, los investigadores inyectan a ratones un antígeno de células humanas. Luego, cosechan de los ratones las células B (linfocitos B) del bazo que producen anticuerpos y las fusionan con células tumorales de mieloma multiple para producir una célula de fusión que se conoce como hibridoma. Estos hibridomas pueden multiplicarse (células hijas o clones, de ahí el término de monoclonal) rápida e indefinidamente y pueden producir gran cantidad de anticuerpos. Los hibridomas son diluidos y cultivados para obtener un número diferente de determinadas colonias, las cuales producen sólo un tipo de anticuerpo. Se pueden producir grandes cantidades de anticuerpo a partir de estos hibridomas inmortales. Así que cada mAb es una gran cantidad de copias de un solo tipo de anticuerpo.
Los anticuerpos monoclonales de ratón o murinos, no son útiles para su empleo en seres humanos, especialmente en terapias que requieran tratamientos prolongados, ya que el sistema inmune los identifica como cuerpos extraños y reacciona para destruirlos, por lo que su eficacia terapéutica se ve claramente disminuida.
Se ha obtenido una segunda generación de anticuerpos monoclonales, basada en la humanización de los anticuerpos monoclonales de ratón mediante ingeniería genética, evitando así el rechazo del sistema inmune al ser introducidos en el organismo.
Un anticuerpo quimérico, con una Fab murina y una Fc humana, incorpora parte animal y parte humana. La parte animal o hipervariable (un 30%) es indispensable para que el anticuerpo reconozca al antígeno, y la parte humana (un 70%) es responsable de que el sistema inmunitario pueda contribuir a añadir efectividad a su acción.
Un anticuerpo monoclonal humanizado significa que contiene un 90% de material humano, lo que reduce la inmunogenicidad de los anticuerpos. Las regiones estructurales se obtienen de un anticuerpo humano mientras que las regiones responsables de la unión al antígeno proceden del anticuerpo de rata/ratón.
Un anticuerpo monoclonal humano, obtenido principalmente por tecnología de recombinación genética utilizando bibliotecas de fagos con genes que codifican las regiones variables de inmunoglobulinas. Los monoclonales humanos son más ventajosos por su menor antigenicidad y mejor tolerancia, y por su mayor tiempo en circulación con relación a los quiméricos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada