lunes, 16 de marzo de 2026

La sevillana y el norte perdido

Antonio Iñesta. Blog Web2.0 y Salud http://fecoainesta.blogspot.com.es/ 

Cuando salíamos al bosque a pasear, siempre que enfilábamos la carretera que conduce al campo de futbol, veíamos dos figuras reconocibles que avanzaban y se hacían cada vez más cercanas hasta el encuentro. Ella era menuda y caminaba balanceándose como si fuera una barca ligeramente mecida por el viento. Él, con gafas y pelo cano y un poco más alto que ella, caminaba enfurruñado como preguntándose donde había perdido el norte. Iban separados, con un perro negro pequeño que no parecía de una raza reconocible. El perro les seguía o precedía, pero sin separarse de ellos. Se notaba que conocían bien el pinar, ayer mismo iban con un manojo de espárragos silvestres que habían cogido en las cercanías del campo de futbol. Solo los buenos conocedores saben dónde encontrar las esparragueras* al principio de la primavera. Conocen tanto el pinar porque viven en él, en una casa dentro del cercado donde tienen los edificios y maquinaria para mantener el pinar, tractores para arar cortafuegos en los bordes de los caminos, cortar los árboles secos o caídos, etc., y por tanto debían ser guardas o similar cuando esto era una gran finca y ahora ya retirados les deben respetar su vivienda de por vida. Antes, paseaba solo él con el perro, iba distraído, no saludaba, pero bueno, pensábamos que era uno más de los muchos que parece que se cabrean si los saludasalquivir, y no sabemos cómo había acabado en este sitio. Parecía resig. Más tarde ya paseaba con su mujer que tenía muchas ganas de hablar, porque parecía aislada y aburrida. Era de Sevilla o mejor de un pueblo de la vega del Guadnada con el supuesto Alzheimer de su marido, ella tenía las dos rodillas operadas y cuando la encontrábamos se paraba un poco a hablar, pero no le daba mucho tiempo porque su marido no se paraba y debía seguirle. Algunas veces nos pasaban con su pequeño coche que conducía ella, podían ir al supermercado o a misa, nunca le preguntamos. Una de las veces los vimos de lejos como riñendo, ella le sujetaba y él se escapaba braceando fuertemente, parece que ese día quería hacer su vida, seguro que pensaba en su mili y lo bien que braceaba en la instrucción. Ella desde luego no parecía su cabo y le seguía con esfuerzo gritando que parara sin resultado aparente. Ese día ella se ganó el cielo, como se dice y pasó a nuestro lado renqueando y nos dijo “no hay nada que hacer”. Con el tiempo tuvo que contratar a una persona para que lo acompañara en el paseo, porque ella ya no podía controlarlo. Con lo bien que podía estar en su pueblo sevillano con sus hermanas y conocidas hablando de cómo lo pasaban en las fiestas cuando eran mozas en su mundo alegre y divertido, pensé para mis adentros, pero el tiempo no perdona. La última vez que la vimos iba de luto y nos contó medio llorosa que su marido había muerto poco después de una estancia en su pueblo en que lo había metido en la residencia del mismo. Aunque ella iba a visitarle todos los días, cuando vio que no se adaptaba bien, se lo trajo para acá pero ya era tarde. Seguramente se le acabaron las ganas de vivir. Lo curioso es que ella no parecía aliviada, se había quedado sola y no tenía a nadie en casa a quien reñir y cuidar, es lo que pasa siempre, mucho quejarse, pero ha perdido una referencia fundamental de su vida. Be Good.

*Nota: Esparraguera, planta herbácea arbustiva con pequeñísimas hojas. Aparecen en zonas húmedas, umbrías, alrededor de pinos y carrascas, hay algunos tallos recientes gordos, pero la mayoría son delgados, cortan los tallos verdes con una navaja sin arrancar la mata para que en próximos años sigan dando espárragos.

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