Antonio Iñesta. Blog Web2.0 y Salud http://fecoainesta.blogspot.com.es/
Camino de Monforte de Lemos, pasamos por Orense, que bordeamos por la carretera que va al lado del rio Miño hasta que cerca del mirador de Pesqueiras nos desviamos a la derecha hacia Ferreira, Canaval y por último divisamos el torreón del monte Pino y llegados a Monforte, tras pasar las vías del tren, subimos hacia el Monasterio de San Vicente do Pino y el Palacio de los Condes de Lemos que es donde está el parador. Las antiguas estancias acogen las zonas y salones comunes del Parador, mientras sus habitaciones se organizan alrededor del majestuoso claustro neoclásico del monasterio. Nos alojaron en una zona nueva que han hecho que da a la piscina. El monasterio remonta sus orígenes al siglo IX, aunque el edificio actual fue construido entre 1626 y 1802 en estilo barroco neoclásico, sustituyendo a su predecesor medieval, que se encontraba en peligro de ruina. Al día siguiente de llegar nos fuimos a realizar una travesía a lo largo del rio Sil. La ribera del río Sil es el epicentro de la viticultura en esta zona, donde las vides se cultivan en laderas de solana tan verticales que la vendimia se realiza a mano y en ocasiones con arnés para trabajo en altura, por el riesgo de caerse rodando. Las cajas con las uvas que se recogen en la vendimia, se suben a un camino que enlaza con una carretera o se bajan al rio para llevarlas en barcas, por medio de unos carriles en las laderas con motores como un ascensor. Dan lugar a vinos muy apreciados, principalmente tintos como el Mencía y también blancos de la variedad Godello. De aquí salían los vinos de Amandi que alcanzaron fama de exquisitos ya en tiempos del Imperio romano, y hoy cuentan con la denominación de origen Ribeira Sacra. Realizamos por el rio Sil una travesía de unas dos horas, en que nos explicaron todas las características de vides y eremitas y monjes que las poblaron de cenobios y monasterios románicos y benedictinos, que le dieron el nombre ya documentado desde la Edad Media de Rivoyra Sacrata. Bajamos del catamarán y nos dirigimos por la ladera opuesta hasta el Mesón Casa Lelo, que nos recordaba una visita anterior, hacía unos cuantos años, en que comimos muy bien. En esta ocasión el pulpo estaba un poco más duro, pero la sepia, la carne y los tomates estaban muy buenos, el mesón ya lo llevaba una hija porque el padre tiene demencia senil y la madre ya está cascada, es el paso de los años que no perdona a nadie. Salimos con ganas de ver uno de los monasterios cuya cúpula habíamos visto en forma de pirámide sobresaliendo un poco del bosque en las laderas del Sil durante la travesía del rio. Tras un recorrido infernal por una carretera con vueltas y revueltas llegamos al Monasterio de Santa Cristina de Ribas de Sil, metido en la espesura de castaños centenarios y con el suelo de los alrededores plagado de las inflorescencias (flores masculinas) caídas de los castaños llamadas amentos o candelas, miden entre 10 y 25 cm de longitud y son muy llamativos por su tonalidad amarillenta. El edificio original del monasterio, dispuesto en torno a un pequeño claustro, era de estilo Románico, su existencia está documentada desde el siglo IX. En siglos posteriores se amplió con la iglesia. La iglesia es románica y se comenzó a construir en el siglo XII. Durante el siglo XIII se introdujeron elementos góticos, fundamentalmente arcos. La planta es de cruz latina, la fachada destaca por su puerta de entrada bajo tres arcos con columnas de capiteles decorados. En la parte superior se puede ver un rosetón románico de amplias dimensiones. La alta torre, está rematada en forma de pirámide que tiene un origen tardomedieval y son añadidos tardíos ideados para realzar la estética del cenobio y darles un aire monumental. Una vuelta más distendida, nos llevó al Parador, donde nos sentamos en una galería del claustro con unas bebidas mientras en el centro del claustro estaban sirviendo copas y aperitivos a un grupo numeroso de personas, aparentemente casi todos franceses, bien vestidas, que acababan de asistir a una boda civil en la plaza de delante del Parador debidamente preparada. Por el grupo andaban la novia de mediana edad, con traje de boda con vestido hasta el suelo y un tipo más tarde identificado como el novio, que le podía doblar la edad, con pelo blanco rizado con pantalones cortos hasta la rodilla de color rojo, camisa blanca con mangas largas y pajarita. El novio ya nos parecía un tipo raro en aquel conjunto de gente bien vestida de manera formal, y nos llevamos la sorpresa cuando salió del brazo de la novia para el banquete en el Palacio. Nos dio un chute de energía porque siempre es posible volver a empezar.
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