Antonio Iñesta. Blog Web2.0 y Salud http://fecoainesta.blogspot.com.es/
He conocido más de un correcaminos,
uno de ellos recorría la urbanización a toda prisa y era difícil seguirle
incluso con la vista. Era un profesor de lengua que vivía en una calle cercana,
nos lo encontrábamos en la calle, cuando salíamos para pasear por el bosque, y
tras una breve charla, salía disparado calle adelante. Estaba casado con otra
profesora, en este caso de francés, y tenían tres hijos, uno de ellos
ingeniero, muy brillante. Hubo un accidente de avión, que se estrelló al ir a
aterrizar en el norte y murió su hijo ingeniero. Él ya no fue ni sombra de lo
que había sido, al poco murió de cáncer. Un tiempo después, le siguió su mujer
que tampoco pudo superar el trauma. En nuestros paseos por el bosque hemos
identificado a una nueva correcaminos y es una mujer en los sesenta, pelo
corto, rubita, ojos claros, bajita pero delgada. La veíamos pasar por nuestro
lado rauda como una liebre, y muchas veces, daba la vuelta al circuito y nos
pasaba nuevamente antes de salir nosotros del bosque. Por Navidad, al pasarnos
se paró y muy cariñosa nos felicitó, eso aumentó nuestra relación y era
habitual que al pasar por nuestro lado se acompasara a nuestro paso y siempre
había algún pequeño intercambio de palabras intrascendente, la mayor parte de
las veces relacionadas con su marcha, que si ya se volvía hacia Pozuelo, que si
hoy tenía que ir a hacer yoga, que si otro día iba al gimnasio. Pensamos que
era una recién jubilada soltera que llenaba su tiempo con paseos, gimnasia,
yoga. Iba siempre sola cuando andaba, entre otras cosas porque lo hacía muy
deprisa y durante mucho recorrido, bueno no se lo he preguntado, pero podría
andar unos quince kilómetros o más en sus paseos diarios. Uno de los últimos
días, nosotros íbamos paseando un poco lentos y ella se interesó por nuestra
salud. En efecto a mi mujer le habían hecho una intervención menor y se le veía
desmejorada y cansada. Ese día, ella se explayó un poco y dijo que ella también
tenía problemas en casa, su marido ya empezaba a recuperarse de una caída desde
una escalera cuando estaba arreglando la piscina, se había roto la pelvis y no
sé cuántas cosas más, con lo que había tenido que estar en reposo y ahora
estaba en recuperación. Habían tenido que bajar la cama al piso de abajo,
aunque como la sala de estar era grande casi no se notaba. Desde luego la
escalera de su casa era ancha y el hueco que habían dejado en la escalera les
permitía poner un ascensor de los modernos que no necesitan caja ya que integran
el motor y el panel de control dentro del propio hueco del ascensor o sobre la
cabina, pero no se habían decidido, aunque estaba dentro de sus cálculos
hacerlo. Este verano su hija les había dicho que no se iban de vacaciones,
porque estaba todo muy caro y que como tenían tan buena piscina irían mucho por
su casa con la nieta. Bueno, podréis decir que, porque os he contado todo esto,
pues muy sencillo porque no se pueden hacer presunciones porque después te
llevas la gran sorpresa. Pequeñita, anda muy deprisa, le dedica mucho tiempo al
ejercicio, gimnasio, yoga, anda sola, deduces tiene mucho tiempo, se aburre en
su casa pequeña, jubilada, soltera. Mentira cochina, casada, jubilada de un gran almacén, buena casa con piscina, una hija, y una nieta. Total,
ha roto todos mis esquemas. Los que no me rompen los esquemas son los que nos
están dando caña. Si lees a la persona más poderosa del mercado financiero, -no
tiene sentido que la globalización siga funcionando igual que hace 50 años,
-sería oportuno que Europa invirtiera dinero en construir su defensa, -la
Seguridad Social no es el sistema ideal, -ya no uso el termino inversión
socialmente responsable porque se ha politizado, -nos hemos centrado demasiado
en las energías verdes. No os suena ese discurso, a mí sí. Es uno de los que ha
ido a China acompañando al jefe. No a la Guerra, No to war, Be Good.
Nota: “El hombre más poderoso del mercado”. Negocios, El País, 29 de marzo del 2026.
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