Antonio Iñesta. Blog Web2.0 y Salud http://fecoainesta.blogspot.com.es/
Uno de estos días salí a pasear solo por el
bosque, porque mi mujer tuvo que acompañar a mi hija al hospital, iba embebido en
mis pensamientos, andando por una senda por la ladera en paralelo del camino
principal y cuidando de no resbalarme por el suelo embarrado con tanta lluvia.
No quería encontrarme con algunas de las pesadas habituales que enseguida te
preguntan si pasaba algo porque vas solo, no soy muy sociable y a veces me
cuesta dar explicaciones, ya sé que no me cuesta tanto decir esto o lo otro,
pero hay días que no me sale. De pronto vi que, apoyada en una mata de jara, al
lado de la senda, había una bolsa de plástico medio escondida, era una bolsa
grande con un nudo como resguardando el interior, yo llevaba guantes para el
frio, así que cogí la bolsa, no pesaba mucho pero después de palparla un poco parecía
que llevaba dentro papeles. Estaba a punto de dejarla, pero pensé es necesario mirar
lo que hay dentro y si hay porquería mejor llevarla a las papeleras para
mantener el bosque limpio. Miré a un lado y al otro y no había nadie a la vista,
porque hacia un día de estos lluviosos y desapacibles y los perreros como yo
les llamo van deprisa, no andan mucho, solo lo necesario para el meo/cago de
los perros y a casa. No obstante, me aparté un poco más de la senda donde podía
pasar más desapercibido y desatando el nudo abrí la bolsa. Dentro había muchas páginas
de periódico arrugados, como si hubieran estado envolviendo algo y algo
parecido a un ladrillo más estrecho, duro pero flexible envuelto también en
papel sujeto por una goma. No sabía qué hacer, miré una de las páginas y era de
un periódico de cobertura nacional de este año, al final decidí que tenía que
saber que había en el único envoltorio, lo saqué de la bolsa, no pesaba mucho,
se doblaba y parecía que había también papel dentro. Me decidí y abrí el
envoltorio, enseguida me di cuenta de que había billetes, parecían de cincuenta
euros, pero también los había verdes. Cerré el envoltorio otra vez con la goma
que llevaba anteriormente, lo metí en la bolsa, le hice un nudo y me dije “que
hago yo ahora”. ¿Dejo la bolsa donde estaba? ¿Cojo el fajo y dejo la bolsa? Me
rasqué la cabeza y me dije, vamos a por todas. Limpié la bolsa por fuera con
unas ramas, comprimí la bolsa al máximo y me la introduje dentro de la chupa,
parecía que había echado un poco de barriga. Seguí mi paseo hasta casa, allí
pensé que haría. Me tiré todo el día y la noche pensando en el tema y al día
siguiente que era domingo, me llevé la bolsa, metida en otra, a la parroquia,
mientras estaban en misa me metí en las oficinas y en el despacho del cura, que
estaba abierto, le dejé la bolsa. Unido a ella puse una hoja dirigida al cura
en que le decía con la letra deformada, que la había encontrado en el bosque, que
seguramente era de unos narcos que la habían dejado después de un intercambio,
lo que no sabía es si se habían dejado un fajo de billetes inadvertida o advertidamente
para volver después por la bolsa y que él era muy libre de hacer lo que
quisiera con los billetes. En días sucesivos estuve siguiendo las noticias y no
encontré ninguna información relacionada con narcos, bolsa, billetes y yo nunca
pregunte que se hizo con ellos, espero que habrán servido para una buena causa.
Sed buenos.
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